Existe una relación bidireccional entre nuestra forma de comunicarnos y las emociones que se generan.  Desde Medialuna se hace especial hincapié en que expresarnos de forma clara, honesta y adecuada permite a otros inferir el significado nuclear de nuestro mensaje. Resulta necesario cuidar con especial esmero las sensibilidades de los otros, por ello comunicar en positivo hace de la honestidad un requisito indispensable.

La comunicación en positivo opaca todo atisbo de egolatría. En este modelo, los interlocutores hacen del autocontrol un presupuesto dialéctico. La sinceridad es un requisito básico que, junto a la ruptura con los individualismos, germina un vínculo entre hablantes.

Son muy pocos los que reflexionan sobre el poder del lenguaje. Éste posee una gran cantidad de aristas cedidas a la reformulación. Medialuna trabaja los recursos lingüísticos para hacer de ellos un rasgo diferenciador. En el seno de la comunicación se trabajan disciplinas como la prosémica, la kinésica y el paralenguaje para dotar al hablante de una identidad expresiva propia. Todo ello teje una red donde los agentes pueden expresar sus voluntades con absoluta libertad.

La comunicación en positivo cuida a los receptores, protegiendo con delicadeza sus sensibilidades. Manifestar nuestras ideas no va reñido con el respeto a los otros, por lo que debemos comprender que la fórmula despeja en una de sus incógnitas la empatía.

Comunicar en positivo es germinar una nueva visión del mundo y el ser humano, lubricando las relaciones interpersonales de consideración y respeto. Una fórmula capaz de higienizar la estructura comunicativa de nuestras sociedades.