Buen periodismo

"O depones tu actitud o corro por el barrio la especie de que eres periodista". Lo escribía y dibujaba Antonio Fraguas Forges, en el diario Informaciones, allá por los setenta del siglo pasado, cuando la profesión de periodista despertaba -como hoy- admiración y recelo. En las mismas fechas pudo leerse, también en uno de sus divertidos gráficos, este diálogo entre dos caballeros forgianos y peripatéticos:

- "Hoy es la corrida de los periodistas".

- ¿Por dónde los corren?

- Por doquier....

Tiempos no tan lejanos en los que el compromiso político y la libertad de expresión tenían un altísimo precio. Aguerridos periodistas aún en activo recuerdan las amenazas, el miedo y las miserias de una España en la que firmar una crónica podía costar la cárcel, o incluso la vida. Conviene recordarlo. Ocurrió el otro día, como quien dice.

El Periodismo es un fiel termómetro social que mide la temperatura y el grado de salud de la ciudadanía, su madurez y capacidad de expresión. ¿Si nos pusiéramos ahora ese termómetro, cuál sería el diagnóstico? El número de lectores ha aumentado, y los medios de comunicación son más diversos, aunque siguen siendo- como entonces y probablemente como en un futuro- propiedad de un reducido número de empresarios con sus propios intereses económicos y políticos.

A más cultura, más lectores de periódicos. A más lectores, más medios y plataformas publicitarias. Con independencia de las utilizadas y fomentadas por unos y por otros (digitales o de papel, electrónicas, visuales, auditivas o sensoriales), han proliferado nuevos medios de comunicación y convivimos en un entorno mediático más diverso y segmentado. Si de cantidad se trata, estamos o deberíamos estar mejor que nunca. Pero hagamos la pregunta ¿tenemos hoy mejor Periodismo que hace dos años, y dos o tres décadas? ¿Ha crecido la influencia de la Prensa?

Más de todo sí hay: medios, lectores, plataformas por doquier; más noticias, más opinión, más programas; más empleados, más periodistas, más facultades universitarias... ¿Mejores? En el ámbito empresarial, la calidad suele estar condicionada por el número. Pero el análisis resultaría excesivamente simplista, sin considerar otros conceptos clave, además de la cantidad: competitividad, productividad, ética...

¿Son los medios más competitivos en 2021, que en la década anterior? Hemos asistido en los últimos años a la desaparición de algunos, por falta de recursos y de solvencia, especialmente en la prensa gratuita.

¿Son los medios más productivos? Hemos sido también espectadores de ajustes de plantillas, incluso de de Expedientes de Regulación de Empleo (ERES). Hemos observado cómo las redacciones de grandes periódicos se veían mermadas. Desde Medialuna, especialista en la gestión de relaciones con los medios de comunicación, escuchamos a menudo quejas de periodistas que vivían con la incertidumbre de su propio puesto de trabajo.

La última cuestión que planteo: ¿Son más éticos los medios de comunicación de hoy que los de entonces? Quiero detenerme en la faceta de los ideales y el compromiso social, de los valores, del sentido de lucha. ¿Se "corre ahora a los periodistas por doquier", como presumía Forges en el desaparecido vespertino Informaciones? Afortunadamente, la guerra es hoy menos política (escribir una crónica no es motivo

de cárcel), y más económica (se lucha por la cuenta de resultados). Pero también es más individual que colectiva, menos idealista y social.

Cuesta hablar de ética sin hablar de personas y de comportamientos humanos. ¿Cómo es la actual generación de periodistas? Se supone que está más preparada, que es bilingüe, que tiene más masters, más viajes. ¿También más ilusión? ¿Más ideales colectivos? Se detecta una anemia de compromiso y de lucha. Todo parece más profesional. Lo es, sin duda. Pero falta ilusión. No hay ganas. Sin ánimo de caer en el entendido de que cualquier tiempo pasado fue mejor, apunto esta reflexión particular. Vivimos en una etapa de apatía periodística.

Para que haya buen Periodismo debe haber buenos periodistas. Ésta es una profesión creativa, de constructores cotidianos de la historia, de espíritus libres y críticos. De personas entusiastas.

Queda, sin embargo, la esperanza de que esta crisis, que ha puesto en evidencia la falta de ética empresarial y de compromiso social, acabe siendo un revulsivo, una nueva etapa donde la Prensa quiera volver a gritar y pueda arriesgarse.

Los medios de comunicación son empresas con ánimo de lucro, sí, pero tienen un fin social y responden a un derecho fundamental: el de la libertad de expresión. Nada menos.

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