El coste de hablar demasiado

¿Cuántos se han excedido en esta máxima de decir exactamente lo que se debe? Nunca olvido lo que le ocurrió al gran Winston Churchill cuando, después de haber dirigido con mano de hierro la guerra contra Hitler, triunfante sin paliativos en mayo de 1945, perdió tres meses después las elecciones generales, y de manera aplastante. “Me he explicado demasiado y con demasiadas palabras”, se quejó, malhumoradamente jubilado. Puso un ejemplo, que ya es clásico entre los especialistas en campañas electorales: Cuando llamó a la guerra contra Alemania, que costó a los británicos sufrimientos indecibles, advirtió a los electores que les costaría (abro comillas) “Sangre, Sudor, Esfuerzo y Lágrimas”.  

La historia solo recuerda tres de esas cuatro palabras. La palabra “Esfuerzo” había desaparecido de la memoria colectiva, lo que irritaba a Churchill sobre manera pues, en su opinión, estaba en el origen de su derrota.  

Como podrán intuir, sus lecciones de comunicación política sirven en todos los ámbitos. También en el empresarial, aunque los empresarios seamos a veces más tímidos en el ejercicio de la comunicación pública. En Medialuna, que trabajamos desde hace casi veinte años para instituciones y organizaciones públicas, sabemos la importancia de la discreción. Hablar demasiado tiene un coste alto y está asociado a la falta de profesionalidad. En cualquier campaña de comunicación conviene considerar esta premisa básica: mida completamente sus palabras y los efectos.

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