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Comunicación al servicio del ser humano

Sin amor o sin ética de poco sirve, a la larga, la eficacia de una campaña, el dominio perfecto de una técnica de Marketing o de una profesión u oficio. La tarea de comunicar es la más humana del mundo y, por tanto, debe responder al interés íntimo de las personas, que no es otro que el amor, el bienestar, la felicidad en sus diversas formas de expresión. La comunicación tiene necesariamente que estar al servicio del ser humano o de lo contrario acabará fracasando.  

Así lo percibimos y hemos podido convencernos en numerosas ocasiones; entendiendo cada vez mejor las relaciones con los clientes, empleados, consumidores, líderes de opinión, periodistas y otros públicos en el ámbito de nuestra propia empresa. Con amor, todo prospera. Si los objetivos de la comunicación encuentran su razón de ser en esta máxima- el amor y el deseo de dar- los mensajes resultan más convincentes y los seres humanos acaban movilizándose. Una campaña o acción Publicitaria, de Relaciones Públicas o Marketing que persigue un fin social o humanitario, tiene mayores probabilidades de alcanzar grandes metas. Los humanos no deberíamos nunca actuar en contra de nosotros mismos. 

Si no te aman, acabarán abandonándote 

Esta verdad aplicada al mundo de la empresa puede haber sido la causa principal de la existencia de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Las organizaciones han entendido perfectamente que si sus públicos- consumidores, clientes, votantes, proveedores, empleados o colaboradores- no las aman, acabarán abandonándolas. Saben que solo podrán recibir el afecto que proporcionan. En un mundo transparente e interconectado como el actual es imposible esconder las emociones. Todo acaba volviendo al punto del que salió, retroalimentándose. 

Hoy grandes y pequeñas corporaciones desarrollan actividades y planes de RSC en los que invierten más o menos recursos. La mayoría establece anualmente compromisos económicos en sus presupuestos para asegurarse de que mantienen una relación afectuosa con su entorno, cuidan el medio ambiente, fomentan la diversidad y la igualdad entre sus empleados y mejoran la calidad de vida de su entorno. Hoy, las corporaciones son más conscientes de su humanidad. Asumen la RSC como una necesidad vital, por razones sociales y económicas.  

Al mismo tiempo, se impone el criterio de que solo sobrevivirán aquellas empresas o corporaciones que sean responsables, generosas, integradoras, sostenibles, comprometidas con sus públicos; las que  practiquen  la transparencia, el cuidado del medio ambiente y del entorno. Dejarán de existir las que no se comporten así. 

Tiene su lógica: Los consumidores o clientes no estarán dispuestos a comprar ni productos ni servicios a firmas que actúen en contra de sus principios o criterios morales en el proceso de elaboración de los mismos, por ejemplo. Hoy, este ciudadano cibernético se entera de todo; dispone de poderosos medios de comunicación gratuitos y fabrica sus propias percepciones. A menudo (cada vez más) hace sus valoraciones y juzga basándose en experiencias o testimonios de otros ciudadanos. Quiere, exige lo mejor, y prefiere lo sostenible. 

Quedaron anticuadas las teorías que tachaban la RSC de “pamplinas y algodones irrelevantes”, bajo el argumento de que lo que realmente suma en una empresa es el precio y la calidad de sus productos o servicios; de que, en los negocios, conviene limitarse a generar valor para el accionista y puestos de trabajo remunerados.  

Nadie cuestiona la necesidad de integrar la RSC en la gestión de empresas o corporaciones. Sin embargo, existe cierta confusión en torno al papel de la comunicación todo este proceso. ¿Es conveniente comunicar las acciones sociales o solidarias que llevan a cabo empresas o corporaciones? ¿Se está comunicando o existe el miedo a ser criticados o presuntuosos En Medialuna hemos perdido el miedo hace tiempo. Por eso contamos con www.ocare.es. Es nuestra mayor verdad: creemos en la responsabilidad social de las empresas, comenzando por la nuestra. 

 

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